Salida a las 7 ya que esperábamos 20 km de descenso suave y le perdimos, por equivocación, respeto al calor en el último tramo. Resultó que la ruta no era de tanto descenso y para más INRI, los últimos 10 km se hacen sin sombra. No obstante, tanto la primera parte, cargada de encinas, como el desierto de la segunda son bellos paisajes que se pueden disfrutar si uno va con calma. Cabe destacar, en lo que a la fauna salvaje se refiere, la presencia de varias abubillas. Por lo demás seguimos viendo mucha ganadería extensiva. En el pueblo nos "asaltó", como bien dice en los comentarios del camino el dueño de un albergue privado que nos dejaba la miel en los labios con los servicios que ofrecía. No obstante nos dirigimos al municipal, en principio por el pasado que tuvo pero luego nos cautivó sus instalaciones y decidimos quedarnos en este antiguo monasterio reformado. Después de una vuelta por el pueblo para ver a sus lugareños nos volvimos a nuestro acogedor albergue para cenar pronto y salir temprano.
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