Nuestra andanza tenía que comenzar a las 6:00 para evitar el calor. Sin embargo, se estaba tan bien en el Alojamiento del Peregrino, que nos hicimos los remolones y salimos a las 7. El camino discurre entre encinas y mucho cerdo ibérico y pasa por el Castillo de las Torres, antigua fortificación medieval que invita a sacar unas fotos. La pendiente es suave y el paisaje acompaña. Además hoy se ha retirado la ola de calor dando paso al buen humor mientras se camina. Hay una parada obligatoria al llegar a la carretera para reponer fuerzas y extrañarse de la arquitectura de una ermita que parece una nave a punto de despegar. Luego el camino discurre entre eucaliptos siguiendo la carretera y al final, como si de una prueba de Fé se tratara, hay que subir una agotadora cuesta que parece no acabar nunca. Una vez en lo alto se deja ver este acogedor pueblo donde el albergue y su hospitalero no dejan duda a la hospitalidad.
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